Cómo superé el vértigo en la montaña

Era el año 2012 cuando visité Ordesa por primera vez. Me quedé impactada por la belleza de esas montañas nevadas y esos frondosos bosques de hayas. Nunca había practicado senderismo, y tampoco había visitado el Pirineo… así que ante mí se abría un mundo emocionante y desconocido.  Cuando visité por primera vez este rincón del Pirineo, el ascenso al Monte Perdido se me antojaba como una difícil ascensión de alta montaña muy lejos de mis posibilidades, así que me limité a realizar las excursiones más fáciles y famosas del valle. La llegada a la cola de caballo me pareció todo un triunfo y comencé a experimentar en mi propia piel esa pura vida de la que te llena la montaña.

Valle de Pineta. Marzo 2012
Cascada Cola de Caballo. Marzo 2012

Esa visita al Pirineo marcó un punto de inflexión en mi vida. Mis vacaciones ya no tenían como destino las grandes capitales europeas, sino los pueblos de montaña donde pudiera practicar mi nueva afición. Pero esta nueva forma de vida también me iba a rebelar uno de mis grandes miedos, el miedo a las alturas. Fue en la subida a uno de mis primeros montes en Navarra cuando me di cuenta de esta limitación que me iba a impedir disfrutar libremente de cada rincón de la montaña.

Pico Anie. Larra-Belagua

Tenía que estudiar muy bien cada excursión para evitar llevarme alguna sorpresa desagradable por el camino. Al principio me conformaba con realizar rutas de montaña sin mucha complicación, pero mi mirada comenzaba inevitablemente a desviarse a los picos más altos. ¿Podría yo algún día subir alguno de ellos?

Me he dado la vuelta en numerosas ocasiones en caminos muy fáciles, pero también me he armado de valor en otros tantos y he conseguido terminar la ruta con gran satisfacción. Cada monte ascendido me llenaba de orgullo por haberme superado una vez más, y todos y cada uno de ellos me han enseñado algo nuevo y me han hecho avanzar en mi propio camino de autosuperación.

La montaña me ha hecho sufrir mucho por el vértigo, pero también por mi bajo estado de forma física en mis comienzos.  Sin embargo me sentía tan bien allí arriba, disfrutaba tanto de esos paisajes, que no me importaba esforzarme lo que hiciera falta para poder lograr mis objetivos.

¿Cómo he conseguido superar el vértigo en la montaña? Exponiéndome con frecuencia a mis miedos motivada por una gran pasión. Esos pequeños pasos superados en pequeños y fáciles montes me dieron la confianza necesaria para enfrentarme a los más grandes. Como todo, superar el miedo a las alturas no se consigue de un día para otro, es un largo camino personal de autoconfianza y ganas de superación.

Hoy, unos cuantos años después de visitar Ordesa por primera vez y otros pocos años después de haberme iniciado en la montaña de una forma más constante, no soy la misma persona. Me encuentro en buena forma física, practico escalada, acabo de iniciarme en el alpinismo y tengo una energía inagotable y una sed insaciable de aventuras. La montaña me ha cambiado y me ha dado aquello que siempre he estado buscando, y le estaré eternamente agradecida.

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